Archivo de Autores para transadict

25
Jun
08

Escena 3: el café se derramó

Alexa corrió hacia su auto esquivando los disturbios que se habían formado en la ciudad mientras compraba el café para el Dr. Palmer. Podía escuchar los gritos de alguna gente quejándose y pidiendo el perdón de Dios, otros maldiciendo entre llantos… Ya no le sorprendía ver a algunos destrozando las tiendas para robar comida. La seguridad parecía insuficiente ante tanta locura que se había desatado. Afortunadamente podía moverse un poco más rápido que ellos…
¿Quién diablos dejó salir la noticia? -se preguntó. Se suponía que debíamos evitar ésto a toda costa…
Apenas tuvo tiempo de cerrar la ventanilla del auto cuando algo viscoso se estrelló contra el vidrio.
-¡Desgraciados!
Arrancó, pasó por encima de un poco de basura, dobló en la esquina y se dirigió al Instituto.
Ya tranquila, sacó la llave de la guantera y la insertó en el estéreo. Play. Tarareó un poco y luego cantó el coro de la canción que no por casualidad había sonado de primera entrada:

Oh no, not me
I never lost control
You’re face to face
With the man who sold the world

En medio de tanta carrera y debido al tremendo susto que había sentido en la calle, no se percató que el café de Erick se había derramado sobre el asiento, pero curiosamente no había sido absorbido por la tela si no que flotaba a escasos milímetros de ella, y habían comenzado a separarse la leche, el café y el azúcar, acusadoramente, como una muestra más de que ya no había remedio para esta locura que estaba sucediendo…

En el Instituto todo estaba muy silencioso. Caminó hacia el laboratorio con la bolsa de galletas y el vaso de capuccino a medio llenar, bajó las escaleras y como no le quedaban manos libres decidió llamar a la puerta con la punta del zapato. Fue entonces cuando notó el delicado resplandor púrpura que salía por debajo de la puerta. El Dr. Palmer abrió con una gran sonrisa y envuelto en esa extraña luz…

-¿Qué es ese olor tan raro, Erick?
-Es el aroma del vacío. -dijo Palmer, como si declamara un poema romántico.

Apartándose de la entrada dejo ver lo que estaba al fondo produciendo esa luz, ese olor…
Alexa no se pudo contener y comenzó a llorar. Erick tomó la bolsa de galletas y el vaso, las dejó sobre una mesa y la abrazó.

-¡Esto es sencillamente abrumador, Erick!. Nunca imaginé que pudiera llegar a ser tan hermoso.
-Alexa. Lo que vas a ver ahora nadie, absolutamente nadie lo debe saber. Ya hemos hecho demasiado daño y esto debe ser un secreto entre vos y yo…

Ercik le mostró una pantalla que tenía minimizada en el computador y Alexa movió la cabeza como tratando de ordenarse la ideas.

-…¡pero Erick! El Codex…
-Olvídate de ellos, Alexa. Sólo olvídate de ellos y prométeme que esto nunca se va a saber, ni aquí ni allá. Nunca.

16
Jun
08

Escena 1: El Gran Vacío

El Dr. Palmer levantó sus anteojos y restregó un poco sus ojos cansados, para poder leer la alerta que desplegaba la pantalla del computador: finalmente la versión 7.0 de Metatrón había terminado su larga tarea de instalación y el Gran Vacío se había generado con éxtito. Después de diez meses de arduo trabajo, Metatrón había pasado por varias modificaciones y gracias a los avances en la intervención de programas de Código abierto y a las intervenciones del Comité del Éxodo (CODEX, como se hacían llamar entre ellos) la experiencia era un éxito. La única diferencia entre las versiones anteriores y ésta era el nivel de vibración del sonido. Un sencillo ajuste y todo fue perfecto: ahora podían comenzar a enviar los mapas sonoros que darían paso a la nueva materialidad y comenzar a dar forma al Gran Vacío.
Todos los archivos estaban perfectamente ordenados y clasificados por categorías y era él, Erick Palmer Marai, quien había sido designado para iniciar el proceso de establecimiento del material recopilado.

-Alexa. ¿Puedes venir de inmadiato? Metatrón finalizó el proceso… tienes que ver esto, ¡es maravilloso! Avísale al resto del Codex y ven enseguida, quiero que seas la primera en disfrutar de este espectáculo.
-¡De inmediato doctor! Voy para allá y de camino envío la convocatoria…
-De paso… ¿podrías traerme un capuccino y unas galletas de avena? El de siemre, ya sabes…
-¡Erick! ¿Estás a punto de cambiar al mundo y piensas en café y galletas? ¡Eres como un niño!
-No soy un niño, sólo tengo hambre y estoy cansado… Además, aquí ya no queda nadie que pueda servirme ni un vaso con agua… ¿Me harías el favor o no?
-Sí, si… ya voy para allá…
-Date prisa, tenemos poco tiempo para contener el vacío…

La cola para el café no era muy larga pero la gente ya había comenzado a moverse un poco lento, como aletargados. Alexa aprovechó el retraso para mirar un rato al cielo, que ahora mostraba un extraño color violeta y era surcado constantemente por pequeñas ondas como las que se forman en un lago en calma al caer algún objeto que lo perturbe…
Allá va el tiempo, pensó Alexa con su cabeza echada hacia un lado. Sólo Dios sabe cómo vamos a salir de todo esto.

Gracias a los trajes que usaban para contener la presión que ejercía la compresión del universo, los miembros del Codex podían continuar con sus labores cotidianas a un ritmo normal. Era una especie de castigo mirar al mundo acabarse en cámara lenta. Era una locura tratar de salvar aunque fuera un poco de todo esto, pero había que intentarlo.




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